El marketing no arregla un mal servicio...

En casi 18 años he visto a muchos profesionales creer que para vender más necesitas invertir más. Pierden semanas creando campañas, eligiendo colores o diseñando un nuevo sitio web, como si eso fuera a definir algo. Así nacen negocios comodines, proyectos que se ven listos, lindos, pero sin alma.

Asúmelo, no estás cansado de lo que haces, estás hastiado de vivir así

Te preocupa más parecer profesional que sentirte tranquilo

Invertiste tiempo en que todo se vea correcto: el discurso, la web, la forma de responder. Pero hace rato que no miras si el negocio te deja vivir en paz.

Hablas de experiencia, pero sigues trabajando como principiante

Tienes años de experiencia, sabes resolver problemas y aun así aceptas condiciones que ya no encajan con lo que dices que vales.

Te acostumbraste a vivir al día y ya ni lo cuestionas

Al principio era una etapa. Luego una racha. Ahora es la forma en que funciona todo. Organizas el mes según lo que entra, no según lo que quieres construir.

Te tranquiliza más un cliente mediocre que poder avanzar

No te entusiasma, no te representa, pero paga  y eso calma. Lo mantienes porque te da una falsa sensación de estabilidad.

Si llegaste hasta acá, es porque algo de esto te pegó más de lo que te gustaría admitir.

Si llegaste hasta acá, probablemente no fue por curiosidad. Fue porque algo de lo que leíste se parece demasiado a tu día a día. En el blog sigo hablando de esas cosas que entre profesionales casi nunca se dicen en público