¿Hueles a Viejo?

Llegué a esa reunión de trabajo y lo primero que el cliente dice es: "Sabía que eras mayor. ¿Tienes 40?". Felicidades, gracias por recordarme que oficialmente me convertí en el yogur que está a un día de vencerse al fondo del refrigerador. A cierta edad algo comienza a oler a rancio en esta industria y […]

Freddy

viernes, Mar 06

Llegué a esa reunión de trabajo y lo primero que el cliente dice es: "Sabía que eras mayor. ¿Tienes 40?".

Felicidades, gracias por recordarme que oficialmente me convertí en el yogur que está a un día de vencerse al fondo del refrigerador.

A cierta edad algo comienza a oler a rancio en esta industria y no es el yogur, es el tufillo a obsolescencia que aparece cuando soplamos las 40 velas.

A esta edad, tú y yo sabemos que tenemos una biblioteca mental de soluciones que un "ninja de Figma" no reuniría ni en tres vidas.

Hemos sobrevivido a crisis, cambios del mercado, cambios tecnológicos, clientes psicópatas y nuestro sentido es hoy más afilado que nunca. Pero el mercado, en su infinita miopía, nos etiqueta como un producto con la fecha de caducidad borrosa.

No importa cuántos cursos de IA hagamos o si nos vestimos como si tuviéramos 25: para el sistema, la experiencia es el pecado original.

De la paranoia a la realidad (porque los números no mienten)

En otras industrias, cumplir 40 es sinónimo de jerarquía. En las creativas, es un aviso de desalojo. Y no es que nos hayamos vuelto unos "viejos gruñones", es que las estadísticas lo dicen todo:

  • El exterminio silencioso: Según el AIGA, los profesionales de 50 años representan apenas el 9% de la fuerza laboral. ¿El resto? No se jubilaron en Miami; el sistema los borró del mapa.
  • El descuento por "viejo": Datos de Hired revelan que, pasados los 45, las ofertas bajan. El mercado asume que, como ya tienes canas (o menos pelo), debes estar desesperado o que tu conocimiento es un lastre caro.
  • Miedo a la eficiencia: Quizás le temen a tu experiencia porque pone en riesgo su propia ineficiencia; nadie quiere en el equipo a alguien que ya se sabe todos los trucos y que no se traga el cuento de la "puesta de camiseta" a cambio de pizza fría y de mala calidad.

El fetiche de la juventud y el show del software

Creo que la industria cometió el error fatal de confundir "manejar el software de moda" con "diseñar". Buscan desesperadamente a esos "expertos de 5 años de experiencia" con 22 años, sin hijos, sin vida y con la espalda todavía intacta. Creen que la juventud es el único motor de la innovación, cuando se ha demostrado mil veces que la edad promedio de los fundadores de startups exitosas es de 45 años.

Innovar requiere kilometraje, no solo cafeína y saber qué es tendencia en TikTok. A los 25 años, el diseño muestra lo que sabes hacer con las manos; a los 45, el diseño impulsa negocios. Lamentablemente, hoy el mercado prefiere el show sobre la solución.

¿Qué nos queda en este mercado sin paladar?

Si viste el Mundial del 98 consciente, tu CV ya está a un paso de la papelera del algoritmo de selección. Solo nos queda jugar sus reglas con un cuchillo entre los dientes:

  1. De las manos a la cabeza: La juventud es barata hasta que cometen un error de $50.000 dólares por falta de conocimiento. Ahí es cuando nuestras cicatrices dejan de parecer caras y empiezan a parecer una inversión.
  2. Bótox profesional: Borra tu fecha de titulación. Es triste, es patético, pero es necesario para que no te cierren la puerta en el "hola". Deja que se sorprendan con tu capacidad antes de que se asusten con tu año de nacimiento.
  3. Aceptar la estafa: Entender que el talento hoy tiene obsolescencia programada y que, si no estás construyendo tu propio barco antes, te vas a hundir con el de otros.

No es que estemos vencidos. Es que el mercado perdió el paladar. Hoy prefieren tomar leche de arvejas procesada que un producto con sabor real.

¿Y cómo se enteró el cliente de mi edad? Bueno, aquí en Chile, lo triste es que no puedes evitarlo: te descartan antes de que alguien vea tu portafolio. Solo necesitan mirar tu RUT para saber de qué año eres.

¿Y tú? ¿Vas a dejar que te pongan la etiqueta de liquidación?

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