Leo a diario a profesionales, sobre todo diseñadores, arrancando su discurso con el clásico “yo ayudo a…”.
Y me da urticaria. No por la palabra en sí, sino por el lugar desde donde se dice. Hace tiempo asumí que no soy Madre Teresa.
Cada vez que decía “ayudo”, sentía que me ponía en una posición medio servil, medio complaciente. Como esa “hermanita de la caridad” que extiende la mano y dice que sí a todo.
Mala señal.
Piénsalo: cuando alguien te dice “te ayudo”, ¿esperas que te arregle el problema de fondo o que te dé un alivio rápido para salir del paso?
Cada vez que usas esa frase te corres del lugar de profesional estratégico y te acercas al de la Cruz Roja.
¿Alguna vez escuchaste a un médico decir que “ayuda” a que no te mueras?
No.
El médico resuelve. Diagnostica, indica y actúa. No te tranquiliza que te diga “te voy a ayudar”; te tranquiliza que sepa qué hacer y que entregue resultados, incluso si no te gusta el proceso.
Su autoridad no se explica, simplemente se comunica.
En cambio, en las industrias creativas normalizamos el discurso que bajó de YouTube y repiten los mentores: “Ayudo a [nicho] a lograr [resultado]”. Esa fórmula sirvió para el fitness, pero si eres diseñador o consultor, no tiene relación con lo que vendes: estructura, seguridad y resultados.
No es semántica, es negocio:
El techo del precio: En consultoría, cuando te posicionas como “recurso”, el cliente te pone un límite. En modelos de pricing basado en valor, la diferencia entre cobrar por tareas y cobrar por impacto suele moverse entre un 30% y un 40% por el mismo trabajo.
El control de la venta: Estudios de desempeño comercial B2B muestran que el perfil que más convierte no es el que busca agradar o "acompañar", sino el que toma el control. En vendedores de alto rendimiento, la mayoría pertenece a perfiles que desafían al cliente y asumen dirección. El cliente prefiere al que decide antes que al que pide permiso.
En el día a día, la lógica es implacable:
- A quien ayuda, se le agradece.
- A quien resuelve, se le paga.
El contraste es brutal:
Escenario A: “Te ayudo a que tu web se vea profesional”. Suena a disponibilidad eterna y favores.
Escenario B: “Resuelvo fallas en el proceso de compra mediante una interfaz optimizada”. Suena a intervención concreta y consecuencias claras.
¿En cuál de los dos pagarías sin miedo?
La diferencia es práctica.
Una solución tiene límites, condiciones y un resultado observable. Una “ayudita” deja la puerta abierta a más pedidos y el mismo precio. No estás acá para el "emprendimiento emocional". Estás acá para hacerte cargo de lo que el cliente no puede resolver solo.
Al final es simple: Ambigüedad o Responsabilidad.
Yo no ayudo a nadie.
Yo resuelvo problemas.


0 Comentarios